GUÍA PARA DIBUJANTES o entérate de donde te metes
Saludos.
Quiero compartir una reflexión sobre la profesión de dibujante e ilustrador, aunque en realidad sirve para cualquier trabajo creativo.
Se dice que hay que separar lo personal de lo profesional. En teoría, sí. En la práctica, no del todo. Lo profesional nace de lo personal, especialmente cuando eliges dedicarte a algo creativo. Intentar separarlos por completo es como sostener dos imanes frente a frente: tarde o temprano se atraen.
Y aun así, el trabajo no se detiene. Da igual cómo te sientas: el encargo sigue ahí, el cliente espera y el resultado tiene que estar a la altura. Esa es la realidad.
La creatividad no fluye si estás bloqueado por problemas del día a día. Antes o después hay que limpiar ese “fango”, porque si no, no produces. Y en este oficio, producir no es opcional.
Dibujar puede ser una pasión, pero cuando lo conviertes en tu profesión cambia el juego. Ya no dibujas solo porque te gusta, dibujas porque hay plazos, clientes y dinero en juego. Sigue pudiendo ser disfrutable, pero ese ya no es el único objetivo.
Eso implica algo incómodo: conviertes tu creatividad en un producto. Algo que puedes vender. No es bonito decirlo, pero es así.
Lo realmente problemático no es eso, sino que mucha gente no valora ese producto. Aún hoy se oyen comentarios como “eso es para niños”. Aunque lo fuera —que no lo es—, alguien tiene que hacerlo. Y mientras exista demanda, existirá industria.
Y esa industria es más amplia de lo que parece: ilustración, publicidad, diseño, arquitectura, entretenimiento… El dibujo está en todas partes, aunque muchas veces pase desapercibido.
Por eso hay algo que debes tener claro desde el principio: no permitas que nadie infravalore tu trabajo.
Y aquí va el consejo más importante, aprendido por las malas:
No trabajes para quien promete pagar “más adelante”.
Parece obvio, pero no lo es. Ese tipo de cliente siempre tiene una excusa, siempre retrasa el pago y casi nunca cumple. Y cuando quieres reaccionar, no hay contrato, no hay prueba y no hay forma de reclamar.
Evítalo.
Siempre que hagas un encargo, deja constancia por escrito: contrato, factura o al menos un acuerdo claro. No es complicarse la vida, es evitar problemas.
Y no te fíes más por tratarse de amigos o familiares. En negocios, eso no cambia las reglas. Si hay un acuerdo, debe cumplirse. Si no, no hay trato.
En este trabajo solo hay dos roles: quien ofrece un servicio y quien lo paga. Nada más.
Por eso es fundamental que definas:
- Tus tiempos de trabajo.
- Tus tarifas.
- Qué incluye el encargo y qué no.
- Qué se cobra como extra (cambios, revisiones, urgencias).
Por ejemplo: una prueba inicial puede ser razonable, pero repetir pruebas sin límite solo te hace perder tiempo y dinero. Hay que poner límites.
También es importante respetar tus horarios. Trabajar sin descanso pasa factura, y esa factura se traduce en errores, mala calidad y pérdida de reputación. Y en este sector, la reputación lo es todo.
La herramienta más importante que tienes no es la mano: es el cerebro. Si eso falla, se acabó el juego. Cuídalo.
Todo esto viene a cuento de algo muy simple: habrá días malos. Días en los que te cuestionas todo, en los que parece que nada merece la pena.
Pero precisamente en esos días es cuando más claro debes tener esto: vivir de algo creativo ya es difícil de por sí. No añadas obstáculos que puedes evitar.
Sé firme. Sé profesional. Y, sobre todo, cobra por tu trabajo.
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