jueves, 3 de abril de 2008

Eragon

por Juan Pedro Rodríguez Marrero


Desde la saga de Harry Potter no se veia en la literatura contemporánea una historia Fantástica y de Aventuras tan buena y que no quede como una dragonada, y que conste que lo dice un adicto a las “dragonadas”, pero es que esta historia es mucho mas sin prescindir de algunos de los tópicos del genero como lo del héroe de profecía, o la dama en apuros que solo se ve en sueños, o las lenguas extrañas y prefabricadas para la ocasión como ya hiciera Tolkien. La verdad es que a estas alturas y sobretodo para los que son lectores asiduos todo lo antes dicho no es nada del otro jueves. Sin embargo la saga de Christopher Paolini a entrado de lleno en los engranajes de la fama que exigen que cuando un producto es bueno pase del soporte escrito al cinematográfico. Es en este punto donde se recurre a la fe si es que se tiene, porque un libro que pasa por las manos de un guionista de Hollywood puede salir como solo Dios sabe. Al resto nos queda esperar para ver que pasa. Y como soy uno de los que esperan, ahora me dispongo a sacarme las espinas. Que ni piensen que esta espera es baldía y carente de reprimenda.
Debo decir que al igual que le pasaba en la historia a nuestro Shur´tugal (jinete de dragón) esperaba más. Es sabido que adaptar 600 y pico paginas a 2 horas sin duda requiere hacer mas de un recorte con el consiguiente peligro de que parte de la historia se pierda, lo que provoca algún que otro cambio respecto al original.
Para empezar eché de menos un personaje poco relevante para la historia pero que ayuda a romper un poco la tensión. Se trata de Solembum El hombre gato. Paolini dice de ellos en un pasaje de Eragon: “¡Un hombre gato! … Siempre aparecían brevemente al final de los cuentos sin intervenir demasiado, aunque de vez en cuando daban algún consejo.” Ciertamente en el libro desempeña un papel parecido. Cosas mías, pero a mi me recordaba al gato de Cheshire de Alicia en el País de las Maravillas con su enigmática sonrisa siempre en los labios, de hecho a ratos lo único visible de él. La película nos priva de su presencia no se sabe muy bien si por irrelevancia o por lo que yo denomino “Jar-jar fobia” pues después de La Amenaza Fantasma de George Lucas se prescinde de todo personaje demasiado informal para la tónica general del relato.
Es de justicia decir que la primera mitad de la historia se respeta bastante bien y no trastoca demasiado los mimbres no así el resto, donde aparece en el espectador el síndrome de ¡Esto no lo recuerdo!
Lo de los Vardenos negros es algo que hasta me gusto. Pero lo de los enanos de talla normal suena a circo en quiebra. Los Urgalos no se los curraron nada de nada no así los Ra´zac mucho más logrados y atención ¡novedad novedosa! ¡Elfos sin orejas de punta! Pero no es por lo de las orejas si no por que no tienen ni un solo rasgo diferencial, es decir, yo te digo que soy un elfo y tu ¡TE LO CREES CON DOS PARES DE HUEVOS PORQUE YO TE LO DIGO! ¿Qué quien soy yo? Pues nada mas y nada menos que el que ordeña a las palomas y ojito conmigo que trabajo en Hollywood, que debe ser el único lugar del mundo donde las palomas lucen lustrosas ubres aunque nadie las halla visto jamás. De lo que no cabe duda esto pasara a engrosar las listas de gazapos sonados y sonoros de la historia del cine. Como un chiste que contaba mi padre: contra el racismo todos verdes. Omitiré el resto del chiste que podría ser ofensivo según para quien.
En las adaptaciones de el Señor de los Anillos se notaba trabajo, pasión, celo y gusto por lo bien hecho. En Las Crónicas de Narnia se intuye también algo parecido. En la saga de Harry Potter se peca incluso de quererse desviar lo menos posible de la historia. En Eragon en cambio no note el ambiente que respiraban las antes citadas donde me defraudo un poco la caracterización de los personajes aunque no la elección, magníficamente bien hecha. De hecho tan bien hecha que da por pensar si no han pretendido tapar alguna deficiencia a golpe de estrellita. Sin embargo seria un mal opinante si no dijera que la interpretación me pareció soberbia. Si pretendían lo que antes dije créanme si les digo que lo consiguieron. Y de la dragona ¿Qué puedo decir? Nada, vayan a verla y juzguen ustedes mismos. ¿Lograra hacernos olvidar al Draco de Dragonheart? Tengo mis dudas al respecto pero eso depende un poco de cada uno.
Siempre he sostenido que al cine hay que ir con la mente abierta, preparada para ver la película que nos ofrecen y no la que nosotros queremos ver. Esta es la manera, a mí entender, de disfrutar siempre de lo que la pantalla nos ofrece pero dicho esto es imposible, sobretodo cuando eres un fiel lector, no crear algún tipo de expectativa sobre lo que te gustaría encontrar y es ahí donde interviene el respeto que los guionistas deben 1º a la obra y 2º al público. Nosotros lectores decidimos que esta obra era grande y que su joven autor merecía respeto por ello. La pregunta del millón sigue siendo ¿Por qué El cine sigue empeñado en ganar dinero contando historias cuando puede contar historias y ganar dinero? el cine tiene su propio lenguaje y no es deseable que sea de otra forma pero el espíritu y la pureza de las obras puede adaptarse sin ni siquiera cambiar de faz.
En cualquier caso les recomiendo que se lean el libro, no quedaran decepcionados y que vean la película. En ese orden si puede ser.

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